"La oración es fe en acto" - Benedicto XVI

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Después de haber respondido a la pregunta ¿Cómo rezar bien el Avemaría? vamos a comentar el avemaría con la intención de que al pronunciar cada frase lo hagamos con pleno sentido.

En el año 1525 se encuentra ya el avemaría en los catecismos populares, pero la fórmula definitiva tal y como nosotros la rezamos la fijó Pío V en 1568, con ocasión de la reforma litúrgica.

En las dos notas anteriores traté de responder a la pregunta: "Cómo rezar bien el Avemaría" y ofrecí una sencilla "Explicación del Avemaría". Ahora me detengo a sugerir momentos para rezar el Avemaría.

Cualquier momento es buen momento para rezar el Avemaría. Puedes formar ciertos hábitos o rutinas de vida de oración y es cosa buena hacerlo, pero también es bueno tener siempre el nombre de la Virgen María "en la punta de la lengua".

La señal de la cruz es la oración básica del cristiano, lo primero que un niño o un converso aprende en la catequesis. En esta oración tan breve y tan simple se resume todo el credo y para muchos hombres y mujeres profundamente contemplativos ha sido su oración preferida.

Jesús se pasó toda su vida pública predicando y enseñando, de palabra y con su ejemplo, sin embargo se guardó lo mejor para el final. Culmina su vida y su predicación por todo lo alto y aprovecha hasta el último momento para dejarnos ver la voluntad del Padre y para enseñarnos cómo debemos vivir.

 

V DOMINGO DE PASCUA  (Apóstoles 6, 1-7; Sal 32; 1 Pe 2, 4-9; Juan 14, 1-12)

 

IV DOMINGO DE PASCUA  (Act 2, 14a. 36-41; Sal 22; 1Pe 2, 20b-25; Jn 10, 1-10)

Delia Smith figura en diversos "rankings" como una de las diez personas católicas más influyentes del Reino Unido, está entre las 50 mujeres más ricas de Inglaterra y es la cocinera más famosa del país. Con 21 millones de libros de cocina en las estanterías de infinidad de hogares y su presencia asidua en la BBC, Delia tiene una legión de seguidores.

Yo quiero servir a Jesús. Es impresionante este testimonio de Shahbaz Bhatti, ministro cristiano asesinado recientemente en Pakistán por su condición de cristiano. Estoy seguro de que este hombre tenía una fuerte y profunda relación personal con Jesucristo en la oración. El testimonio de su vida no se explica de otra manera: "Pruébame tu fe sin obras y yo te probaré por las obras mi fe." (Santiago 2,18).

Me gustaría hablar de la experiencia del desierto en la oración. Pero he preferido contaros una historia, que lo hará más fácil:

ANTÍFONA. - Por los caminos de la paz y prosperidad nos dirija nuestro omnipotente y misericordioso Señor. Sea nuestro compañero en el viaje el arcángel Rafael, para que en paz y con salud y con alegría podamos volver a nuestra casa.
ORACIÓN. - Oh Dios que hiciste caminar a los hijos de Israel por medio del mar a pie enjuto, y que por medio de una estrella mostraste el camino a los tres Magos; te rogamos nos concedas un viaje próspero y un tiempo tranquilo para que acompañados de tu santo Ángel podarnos llegar felizmente a donde vamos y, después de todo, al puerto de la eterna salvación.
Te rogamos, Señor, atiendas a nuestra súplica y ordenes prósperamente para nuestra salvación nuestro camino, para que en todas las peripecias de esta nuestra vida y peregrinación, seamos siempre protegidos por tu auxilio.
Oh Dios, que a tu siervo Tobías diste por compañero de su viaje al bienaventurado arcángel san Rafael: concédenos que seamos siempre protegidos por su custodia y fortalecidos por su auxilio. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Te damos gracias, Señor, por esta hijo/a que hemos recibido como un don de tu amor. Haz que seamos capaces de alimentarle, fortalecerle y educarle, de tal manera que sea plenamente miembro de la familia humana y en definitiva de la gran familia de Dios. Que, con nuestro ejemplo y nuestra palabra, aprenda que, si ha venido a este mundo, ha sido para llevar a cabo en él una misión de amor y de paz tal como lo hizo tu hijo Jesucristo.
Te damos una vez más las gracias por mediación de San Ramón Nonato, nuestro protector. Que la intercesión que ha hecho nos ayude también a dar a nuestro hijo una santa educación inspirada en los valores cristianos.
Contentos y agradecidos por el nacimiento de nuestro hijo/a, te dirigimos ahora aquella plegaria que tu Hijo nos enseñó: Padre nuestro...

 

Cierra los ojos un instante, haz la prueba: recuerda que Dios ha puesto su morada dentro de tu corazón, allí lo tienes dentro, todo para ti. Dile esta plegaria. No la pronuncies solamente con los labios, como “un lector”, sino que te salga del alma, Dios te está mirando y escuchando. Él es tu Padre y tú el más pequeño de sus hijos.

«Señor, Dios mío, única esperanza mía,
haz que cansado nunca deje de buscarte,
sino que busque tu rostro siempre con ardor.
Dame la fuerza de buscar,
tú que te has dejado encontrar,
y me has dado la esperanza de encontrarte siempre nuevo.
Ante ti están mi fuerza y mi debilidad:
conserva aquélla, ésta sánala.
Ante ti están mi ciencia y mi ignorancia;
allí donde me has abierto, acógeme al cruzar el umbral;
allí donde me has cerrado, ábreme cuando llamo.
Haz que me acuerde de ti,
que te entienda, que te ame. Amén».

De Trinitate, 15,28,51

Si somos pastores o sabios, la luz y su mensaje nos llaman a ponernos en camino, a salir de la cerrazón de nuestros deseos e intereses para ir al encuentro del Señor y adorarlo. Lo adoramos abriendo el mundo a la verdad, al bien, a Cristo, al servicio de cuantos están marginados y en los cuales Él nos espera.

Dios prefiere nuestra fidelidad en las cosas pequeñas que nos encomienda, mucho más que el ardor por las grandes que no dependen de nosotros.

El martirio de la Virgen queda atestiguado por la profecía de Simeón y por la misma historia de la pasión del Señor. Éste –dice el santo anciano, refiriéndose al niño Jesús– está puesto como una bandera discutida; y a ti –añade, dirigiéndose a María– una espada te traspasará el alma.

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