Desplegando artículos por etiqueta: Maria

El Hijo de Dios es el primogénito entre muchos hermanos, y, siendo por naturaleza único, atrajo hacia sí muchos por la gracia, para que fuesen uno solo con el. Pues da poder para ser hijos de Dios a cuantos lo reciben.

Así pues, hecho hijo del hombre, hizo a muchos hijos de Dios. Atrajo a muchos hacia sí, único como es por su caridad y su poder: y todos aquellos que por la generación carnal son muchos, por la regeneración divina son uno solo con él.

 Cristo es, pues, uno, formando un todo la cabeza y el cuerpo: uno nacido del único Dios en los cielos y de una única madre en la tierra; muchos hijos, a la vez que un solo Hijo.

Pues así como la cabeza y los miembros son un hijo a la vez que muchos hijos, asimismo María y la Iglesia son una madre y varias madres; una virgen y muchas vír­genes.

 Ambas son madres, y ambas vírgenes; ambas conci­bieron sin voluptuosidad por obra del mismo Espíritu ambas dieron a luz sin pecado la descendencia de Dios Padre. María, sin pecado alguno, dio a luz la cabeza del cuerpo; la Iglesia, por la remisión de los pecados dio a luz el cuerpo de la cabeza. Ambas son la madre de Cristo, pero ninguna de ellas dio a luz al Cristo total sin la otra.

 Por todo ello, en las Escrituras divinamente inspiradas se entiende con razón como dicho en singular de la vir­gen María lo que en términos universales se dice de la virgen madre Iglesia, y se entiende como dicho de la vir­gen madre Iglesia en general lo que en especial se dice de la virgen madre María; y lo mismo si se habla de una de ellas que de la otra, lo dicho se entiende casi indiferente y comúnmente como dicho de las dos.

 También se considera con razón a cada alma fiel como esposa del Verbo de Dios, madre de Cristo, hija y herma­na, virgen y madre fecunda. Todo lo cual la misma sabi­duría de Dios, que es el Verbo del Padre, lo dice universalmente de la Iglesia, especialmente de María y singular­mente de cada alma fiel.

 Por eso dice la Escritura: Y habitaré en la heredad del Señor. Heredad del Señor que es universalmente la Iglesia, especialmente María y singularmente cada alma fiel. En el tabernáculo del vientre de María habitó Cristo durante nueve meses; hasta el fin del mundo, vivirá en el taber­náculo de la fe de la Iglesia; y, por los siglos de los siglos, orará en el conocimiento y en el amor del alma fiel.

Sermón 51

El Señor vino y se manifestó en una verdadera condición humana que lo sostenía, siendo a su vez ésta su humanidad sostenida por él, y, mediante la obediencia del árbol de la cruz, llevó a cabo la expiación de la desobediencia cometida en otro árbol, al mismo tiempo que liquidaba las consecuencias de aquella seducción con la que había sido vilmente engañada la virgen Eva, ya destinada a un hombre, gracias a la verdad que el ángel evangelizó a la Virgen María, prometida también a un hombre.

Pues de la misma manera que Eva, seducida por las palabras del diablo, se apartó de Dios, desobedeciendo su mandato, así María fue evangelizada por las palabras del ángel, para llevar a Dios en su seno, gracias a la obediencia a su palabra. Y si aquélla se dejó seducir para desobedecer a Dios, ésta se dejó persuadir a obedecerle con lo que la Virgen María se convirtió en abogada de la virgen Eva.

Así, al recapitular todas las cosas, Cristo fue constitui­do cabeza, pues declaró la guerra a nuestro enemigo, de­rrotó al que en un principio, por medio de Adán, nos ha­bía hecho prisioneros, y quebrantó su cabeza, como en­contramos dicho por Dios a la serpiente en el Génesis: Establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza, cuando tú la hieras en el talón.

Con estas palabras, se proclama de antemano que aquel que había de nacer de una doncella y ser semejante a Adán habría de quebrantar la cabeza de la serpiente. Y esta descendencia es aquella misma de la que habla el Apóstol en su carta a los Gálatas: La ley se añadió hasta que llegara el descendiente beneficiario de la promesa.

Y lo expresa aún con más claridad en otro lugar de la misma carta, cuando dice: Pero cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer. Pues el enemigo no hubiese sido derrotado con justicia si su vencedor no hubiese sido un hombre nacido de mujer. Ya que por una mujer el enemigo había dominado desde el principio al hombre, poniéndose en contra de él.

Por esta razón el mismo Señor se confiesa Hijo del hombre, y recapitula en sí mismo a aquel hombre pri­mordial del que se hizo aquella forma de mujer: para que así como nuestra raza descendió a la muerte a causa de un hombre vencido, ascendamos del mismo modo a la vida gracias a un hombre vencedor.

Contra los herejes 5,19,1; 20,2; 21,1

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

 

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo

como era en principio ahora y siempre

por los siglos de los siglos.

 

Amen.

 

 

Suscripción

banners siguenos

Temas frecuentes

abandono adoración adviento agradar a Dios agradecimiento alabanza alma amistad amor amor a Cristo amor a Dios amor de Cristo amor de Dios apóstol arrepentimiento auxilio ayuda bautismo belleza bendición Benedicto XVI bondad buscador de Dios búsqueda de Dios camino caridad cielo comentario a la liturgia compasión comunión confesión confianza confianza en Dios consagración consuelo contemplación conversión corazón Creación creaturas Cristo cruz cuaresma cómo orar cómo rezar desprendimiento Dios dolor ejemplo de Cristo Encarnación escucha esperanza Espíritu Santo eternidad Eucaristía evangelizar familia fe felicidad fidelidad fortaleza generosidad gloria de Dios gozo gracia gratitud hijos humildad Iglesia intercesión Jesucristo Jesús libertad liturgia lucha luz maestros de vida espiritual martirio María matrimonio meditación miedo misericordia muerte Navidad obediencia ofrecimiento oracion oraciones oraciones para niños oración orar con los salmos Pablo VI paciencia Padre padrenuestro padres palabra Palabra de Dios Papa Francisco para reflexionar pascua Pasión de Cristo paz pecado perdón perseverancia petición piedad pobreza predicación presencia de Dios protección Providencia redención reflexión resurrección rosario sabiduría sacerdocio sacrificio Sagrado Corazón de Jesús salmos Salvación santa misa santidad santos Santísima Virgen sed de Dios Semana Santa sencillez sequedad Señor silencio sufrimiento súplica tentaciones testimonio tiempo tristeza unión con Dios verdad vida vida espiritual vida interior virgen de guadalupe Virgen María visita al Santísimo vocación voluntad de Dios