Ha aparecido la bondad de Dios y su amor por el hombre

  23 Jun 2011

Ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre. Gracias sean dadas a Dios, que ha hecho abundar en nosotros el consuelo en medio de esta peregrinación, de este destierro, de esta miseria.

Antes de que apareciese la humanidad de nuestro Salvador, su bondad se hallaba también oculta, aunque ésta ya existía, pues la misericordia del Señor es eterna. ¿Pero cómo, a pesar de ser tan inmensa, iba a poder ser reconocida? Estaba prometida, pero no se la alcanzaba a ver; por lo que muchos no creían en ella. Efectivamente, en distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios por lo profetas. Y decía: Yo tengo designios de paz y no de aflicción. Pero ¿qué podía responder el hombre que sólo experimentaba la aflicción e ignoraba la paz? ¿Hasta cuándo vais a estar diciendo: «Paz, paz», y no hay paz? A causa de lo cual los mensajeros de paz lloraban amargamente, diciendo: Señor, ¿quién creyó nuestro anuncio? Pero ahora los hombres tendrán que creer a sus propios ojos, y que los testimonios de Dios se han vuelto absolutamente creíbles. Pues para que ni una vista perturbada puede dejar de verlo, puso su tienda al sol.

Pero de lo que se trata ahora no es de la promesa de la paz, sino de su envío; no de la dilatación de su entrega, sino de su realidad; no de su anuncio profético, sino de su presencia. Es como si Dios hubiera vaciado sobre la tierra un saco lleno de su misericordia; un saco que habría de desfondarse en la pasión, para que se derramara nuestro precio, oculto en él; un saco pequeño, pero lleno. Y que un niño se nos ha dado, pero en quien habita toda la plenitud de la divinidad. Ya que, cuando llegó la plenitud del tiempo, hizo también su aparición la plenitud de la divinidad. Vino en carne mortal para que, al presentarse así ante quienes eran carnales, en la aparición de su humanidad se reconociese su bondad. Porque, cuando se pone de manifiesto la humanidad de Dios, ya no puede mantenerse oculta su bondad. ¿De qué manera podía manifestar mejor su bondad que asumiendo mi carne? La mía, no la de Adán, es decir, no la que Adán tuvo antes del pecado.

¿Hay algo que pueda declarar más inequívocamente la misericordia de Dios que el hecho de haber aceptado nuestra miseria? ¿Qué hay más rebosante de piedad que la Palabra de Dios convertida en tan poca cosa por nosotros? Señor, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder? Que deduzcan de aquí los hombres lo grande que es el cuidado que Dios tiene de ellos; que se enteren de lo que Dios piensa y sien­te sobre ellos. No te preguntes, tú, que eres hombre, por que has sufrido, sino por lo que sufrió él. Deduce de todo lo que sufrió por ti, en cuánto te tasó, y así su bon­dad se te hará evidente por su humanidad. Cuanto más bueno se hizo en su humanidad, tanto más grande se reveló en su bondad; y cuanto más se dejó envilecer por mí, tanto más querido me es ahora. Ha aparecido –dice el Apóstol– la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre. Grandes y manifiestos son, sin duda, la bondad y el amor de Dios, y gran indicio de bondad reveló quien se preocupó de añadir a la humanidad el nombre Dios.

Sermón en la Epifanía del Señor 1,1-2

Información adicional

  • Autor: San Bernardo
  • Tiempo litúrgico: Ordinario

More in Liturgia

Comentario a la Liturgia, II Domingo de Cuaresma, Ciclo C

Lectura “El sol se puso, y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados. Aquel día el Señor hizo alianza con Abrán” (Gn 15, 17-18). Nosotros, por el contrario, somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo.  Él… Read More »
San Bernardo de Claraval

lasix online - lasix 40 mg , http://orderlasixdirectly.com/#bmter lasix online

Sitio Web: orderlasixdirectly.com/#kvefm
 

Suscripción

banners siguenos

Contenido por temas

abandono adoración adviento alabanza alegría alma amistad amor amor a Dios amor de Cristo amor de Dios Apóstol arrepentimiento ayuda bautismo Belleza bendición Benedicto XVI buscador de Dios búsqueda de Dios camino caridad Charles de Foucauld cielo comentario a la liturgia comunión confesión confianza confianza en Dios conocimiento personal consagración consuelo contemplación Conversión corazon corazón Creación creaturas cristo cruz cuaresma cómo orar cómo rezar deseo Dios Dios Padre dolor ejemplo de Cristo encarnación escucha esperanza Espíritu Santo eternidad eucaristía evangelización familia Fatima fe felicidad fidelidad fortaleza gloria de Dios gozo gracia gratitud hijos humildad Iglesia intercesión Jesucristo Jesus Jesús libertad liturgia lucha luz maestros de vida espiritual martirio María matrimonio meditación mes de mayo miedo misa misericordia misericordia de Dios muerte muerte de Cristo Navidad Obediencia ofrecimiento Oracion oraciones oraciones para niños oración orar con los salmos Pablo VI paciencia padre padrenuestro padres palabra Palabra de Dios Papa Francisco para reflexionar pascua Pasión de Cristo paz Pecado perdón perseverancia petición pobreza Presencia de Dios progreso espiritual Providencia purificación redención resurrección sabiduría sacerdocio sacrificio Sagrado Corazón salmos Salvación Salvador santa misa santidad santos Semana Santa sencillez Señor silencio sufrimiento suplica súplica tentaciones testimonio tiempo tristeza unión con Dios verdad vida vida espiritual vida interior virgen de guadalupe Virgen María visita al Santísimo vocación voluntad de Dios