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"En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo, y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, ... »" (Lc 10, 21)

Las dos cosas: arder por dentro y quemar por fuera. El fuego tiene que estar encendido o no es fuego. Obvio.

Como sacerdote escucho y acompaño a muchas personas. Cada una tiene sus luchas, pero hay un factor común: la sed de Dios es inmensa.

¿Quién no desea acertar en la vida? Es una pregunta que se plantea no solo en el momento de escoger una carrera o elegir un trabajo; es, sobre todo, la cuestión esencial al optar por la forma de vida que identifique la propia historia, aunque, por distintos motivos, a lo largo de la existencia cabe replantearse la opción.

Es precioso saber que existe el perdón. Nuestro corazón, cuando está buscando amar con sinceridad, se duele de haber cometido un error o de haberse equivocado. Es por eso que nos brota espontáneo el deseo de pedir perdón y de reparar por nuestra falta. A veces nos es difícil pedir perdón pero mientras más lo hacemos con sencillez, nos habituamos a vivir así. 

"Melquisedec, rey de Salen, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino y bendijo a Abrán". "Cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva". "Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos".

Me gustaría hablar de la experiencia del desierto en la oración. Pero he preferido contaros una historia, que lo hará más fácil:

Delia Smith figura en diversos "rankings" como una de las diez personas católicas más influyentes del Reino Unido, está entre las 50 mujeres más ricas de Inglaterra y es la cocinera más famosa del país. Con 21 millones de libros de cocina en las estanterías de infinidad de hogares y su presencia asidua en la BBC, Delia tiene una legión de seguidores.

Yo quiero servir a Jesús. Es impresionante este testimonio de Shahbaz Bhatti, ministro cristiano asesinado recientemente en Pakistán por su condición de cristiano. Estoy seguro de que este hombre tenía una fuerte y profunda relación personal con Jesucristo en la oración. El testimonio de su vida no se explica de otra manera: "Pruébame tu fe sin obras y yo te probaré por las obras mi fe." (Santiago 2,18).

¡Corazón inmaculado de María!, desbordante de amor a Dios y a la humanidad, y de compasión por los pecadores, me consagro enteramente a ti. Te confío la salvación de mi alma.
Que mi corazón esté siempre unido al tuyo, para que me separe del pecado,
ame más a Dios y al prójimo y alcance la vida eterna juntamente con aquellos que amo.
Medianera de todas las gracias, y Madre de misericordia, recuerda el tesoro infinito que tu divino Hijo ha merecido con sus sufrimientos y que nos confió a nosotros sus hijos.
Llenos de confianza en tu maternal corazón, que venero y amo, acudo a ti en mis apremiantes necesidades. Por los méritos de tu amable e inmaculado Corazón y por amor al Sagrado Corazón de Jesús, obtenme la gracia que pido (mencionar aquí el favor que se desea)
Madre amadísima, si lo que pido no fuere conforme a la voluntad de Dios,
intercede para que se conceda lo que sea para la mayor gloria de Dios y el bien de mi alma. Que yo experimente la bondad maternal de tu corazón
y el poder su pureza intercediendo ante Jesús ahora en mi vida y en la hora de mi muerte. Amén.
Corazón de María, perfecta imagen del corazón de Jesús, haced que nuestros corazones sean semejantes a los vuestros. Amén.

Después de la consagración

Así pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.

Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo.
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra; y con el Papa N., con nuestro Obispo N., y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.

Acuérdate también de nuestros hermanos que durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro.

Ten misericordia de todos nosotros, y así, con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.

Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Que no te me lleven, Señor,
que no te me escondas,
que si Tú no estás en mi vida,
que si te pierdo
¿a quién iré?
¿quién saciará mi sed de vida,
de amor?
desgajada de Ti, me secaré , mi Dios,
fuente de mi dicha.
Que no llore por otra cosa
que por la pena de perderte,
que por el temor de alejarme,
que por el gozo de hallarte,
que por tu Amor, cada día.
Si eres Tú mi Roca
¿quién me hará temblar?
Si Tú eres mi Pastor
¡ déjame, Señor, escuchar tu voz!
y nada temeré, Señor, al estar Contigo.
Si Tú eres mi Luz,
nada me ofuscará el corazón,
ni la mente, ni mi voluntad;
ni las noches de la tentación,
ni la ceguera de mi pasión,
ni las tinieblas de mi alma
en los días grises de la fatiga
o de la prueba.
Si Tú eres mi Camino,
te seguiré, Señor,
adondequiera que vayas.
Si Tú eres mi Verdad
te escucharé, Maestro mío.
Habla, Señor, que tu sierva escucha.
Si Tú eres mi Vida,
yo daré por Ti la mía,
y aunque tal vez te niegue
tres veces, o más, o siete al día
Tú lo sabes todo , Señor,
Tú sabes que te amo.
Sólo te pido que te quedes,
mi Cristo ,
aunque no soy digna
de que entres en mi casa,
que pongas en mí tu morada,
como prometiste,
porque se hace tarde,
porque nadie sabe el día ni la hora
y aquel día,
tal vez cercano,
seré juzgada sobre el amor,
seré perdonada por el amor,
seré perdonada por amor,
seré llamada a vivir eternamente
con el Amor, en el Amor,
que eres Tú , Señor.
Por eso , ¡ quédate, Señor!
y lo venderé todo, todo,
venderé mi libertad, mi yo...
y seré tu esclava, Señor y Dueño mío,
para que se haga en mí
según Tu Palabra, y seas Tú
el único tesoro de mi corazón
hasta que no sea más yo
sino Tú, Cristo , quien vivas en mí.
María, Madre de la Caridad,
Madre de la Fidelidad,
enséñame a ser fiel en el amor,
ayúdame a ser fiel en el amor.

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